lunes, 9 de noviembre de 2015

LOS GATOS, SU RECORRIDO DESDE EGIPTO: DESDE SU VENERACIÓN EXTREMA HASTA SU PERSECUCIÓN EUROPEA Y SU CURIOSO PASO POR ORIENTE Y AMÉRICA.


Cuenta la leyenda que el profeta Mahoma, el fundador del Islam, cortó parte de su mano para no despertar a un gato que yacía dormido sobre él…
Se estima que el gato comenzó a domesticarse en Egipto sobre el año 2.000 a. C . Sin embargo, ya comenzaron a ser animales de compañía desde el 4.000 a.C. Hasta entonces los gatos habían sido animales salvajes.
Estos animales para los egipcios eran sagrados porque los consideraban los representantes terrenales de la diosa Bastet: la deidad que regía la fertilidad, la curación y los placeres de la vida: la música, la danza y el sexo. Cada año se la conmemoraba en su templo (Situado en Bubastis) donde la alababan cantando, bailando y haciendo el amor. Cuando alguien quería un favor de la diosa Bastet, hacía una ofrenda con su mejor pescado a sus representantes terrenales: los gatos del templo.
Sus cuerpos también fueron momificados, tal y como se hacía con los faraones, y posteriormente eran enterrados en tumbas para gatos.


En contraste con Egipto, Europa consideró al gato, durante muchos siglos, como una criatura maligna vinculada al paganismo. En numerosísimas ocasiones fue representado como el amigo de las brujas o incluso el discípulo del diablo. Todo esto le costó al felino ser sometido a una persecución tan mordaz que casi quedó extinguido en el siglo XV y los pocos gatos que quedaron fueron sometidos a horribles torturas durante los dos siglos siguientes. No es de extrañarse que en el siglo XVIII la peste negra terminase con 1/3 de la población europea ya que la ausencia de los gatos-quienes habían llegado a Europa como cazadores de roedores en barcos fenicios (900d.C)- provocó el incremento de las ratas, las portadoras de la enfermedad.

Y es ahí cuando Europa aprendió una lección muy sabida por los egipcios, quienes hace 3.500 años ya protegían sus graneros de ratones y ratas a través de la presencia felina.
Los gatos domésticos se extendieron desde Egipto hasta múltiples culturas como la china, donde se estima que llegó alrededor del 500 d.C. como animal de compañía para la nobleza, pero rápidamente se popularizó. Ya en el siglo IX llegó incluso a Japón, cuyo emperador recibió uno como regalo de China. Su fama de amuleto se extendió por las culturas orientales. Cuenta la leyenda que en Tokio, ante el templo de Gotokuji, un gato se paró y levantó una pata para llamar la atención de quienes pasaban por allí. El templo se enriqueció y desde entonces esa figura del gato con la mano hacia arriba llena los hogares y negocios de China y Japón como amuleto de buena suerte.
Con el descubrimiento de Colón el gato también llegó a América de mano de los españoles. Curiosamente el conquistador Diego de Almagro ofreció 600 monedas por el primer gato llevado a Sudamérica.


En todo el recorrido migratorio del felino, los gatos egipcios se fueron cruzando con diversos gatos salvajes provocando de esta forma la creación de diversas razas felinas de Oriente. Ejemplos de estos son los gatos persas de pelo largo desarrollados en Persia (actual Irán); el siamés en Siam,Tailandia (donde hoy en día el gato aun interviene en la procesión de la coronación.); el gato de angora en Turquía; el burmés de Birmania o el felino de cola corta que se desarrolló en Japón.
En la actualidad los gatos siguen teniendo un papel importante en la extinción de los roedores y es un compañero agradable, cariñoso y juguetón. No es de extrañar que fuera un animal cuidado y venerado por los egipcios.

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